un llanto a carcajadas...
"Según el escritor Jorge Luis Borges, la idea del Zahir procede de la tradición islámica, y se estima que surgió en torno al siglo XVIII. En árabe, Zahir significa visible, presente, incapaz de pasar desapercibido. Algo o alguien con el que, una vez entramos en contacto, acaba ocupando poco a poco nuestro pensamiento, hasta que no somos capaces de concentrarnos en nada más. Eso se puede considerar santidad o locura.
En Buenos Aires, el Zahir es una moneda común de veinte centavos; marcas de navaja o de cortaplumas rayan las letras N T y el número dos; 1929 es la fecha grabada en el anverso. EnGu–zerat, a fines del siglo XVIII, un tigre fue Zahir; en Java, un ciego de la mezquita de Surakarta a quien lapidaron los fieles; en Persia, un astrolabio que Nadir Shah hizo arrojar alfondo del mar; en las prisiones de Mahdí, en 1892, una pequeña brújula que Rudolf Cari vonSlatin tocó...
Mi Zahir no son las románticas metáforas con ciegos, brújulas, tigre, ni la moneda.
Tiene un nombre, y su nombre es ..." (El Zahir, Paulo Cohelo)
Mi Zahir tiene un nombre... es mi búsqueda constante, es ese alguien que idealicé, ese alguien que tal vez es más grande en mi imaginación que en la realidad, no es un ángel -ojalá fuera un ángel, sería un imposible y tendría que resignarme a no verle más-... pero es posible, es humano e imperfecto, y (m.s..!) son esas imperfecciones las que me han hecho amarle; mi Zahir es ese que me ha hecho subir a alturas insospechadas y caer a los abismos más profundos, hasta el punto de no saber realmente lo que se desea... es ese que ayer me hizo llorar a carcajadas, aún cuando ya no esperaba nada, o no quería esperar nada; es ese que con la sola idea de una posibilidad pone una sonrisa indeleble en mi rostro y me hace soñar de nuevo y olvidar el dolor, caminar entre nubes cuando estoy pisando espinas...
Soy un niño rodeado de juguetes, estirando los brazos para alcanzar la caja de cartón que su mamá decidió tirar, echando a llorar porque es lo único que quiere, no le importan los colores vivos ni los sonidos graciosos de todo lo que tiene a su alcance... quiere la caja, esa caja que imaginó como un casco espacial, como un tesoro mágico, como un escondite secreto (m.s....! quiero mi caja!)
...y ahora no sé si tú exististe
o eres solo un sueño que yo tuve,
ya no me importa si tú me quisiste porque en mis sueños yo te tuve...
y es que hay gente que no consigues olvidar jamás
no importa el tiempo que eso dure...
(A. Sanz)
*mi agradecimiento a M por su comment, me inspiró con la idea del ángel. Tal vez somos bichos raros, pero el encontrarnos unos a otros nos hace más llevadera la vida entre tanta "normalidad", no lo crees?
En Buenos Aires, el Zahir es una moneda común de veinte centavos; marcas de navaja o de cortaplumas rayan las letras N T y el número dos; 1929 es la fecha grabada en el anverso. EnGu–zerat, a fines del siglo XVIII, un tigre fue Zahir; en Java, un ciego de la mezquita de Surakarta a quien lapidaron los fieles; en Persia, un astrolabio que Nadir Shah hizo arrojar alfondo del mar; en las prisiones de Mahdí, en 1892, una pequeña brújula que Rudolf Cari vonSlatin tocó...
Mi Zahir no son las románticas metáforas con ciegos, brújulas, tigre, ni la moneda.
Tiene un nombre, y su nombre es ..." (El Zahir, Paulo Cohelo)
Mi Zahir tiene un nombre... es mi búsqueda constante, es ese alguien que idealicé, ese alguien que tal vez es más grande en mi imaginación que en la realidad, no es un ángel -ojalá fuera un ángel, sería un imposible y tendría que resignarme a no verle más-... pero es posible, es humano e imperfecto, y (m.s..!) son esas imperfecciones las que me han hecho amarle; mi Zahir es ese que me ha hecho subir a alturas insospechadas y caer a los abismos más profundos, hasta el punto de no saber realmente lo que se desea... es ese que ayer me hizo llorar a carcajadas, aún cuando ya no esperaba nada, o no quería esperar nada; es ese que con la sola idea de una posibilidad pone una sonrisa indeleble en mi rostro y me hace soñar de nuevo y olvidar el dolor, caminar entre nubes cuando estoy pisando espinas...
Soy un niño rodeado de juguetes, estirando los brazos para alcanzar la caja de cartón que su mamá decidió tirar, echando a llorar porque es lo único que quiere, no le importan los colores vivos ni los sonidos graciosos de todo lo que tiene a su alcance... quiere la caja, esa caja que imaginó como un casco espacial, como un tesoro mágico, como un escondite secreto (m.s....! quiero mi caja!)
...y ahora no sé si tú exististe
o eres solo un sueño que yo tuve,
ya no me importa si tú me quisiste porque en mis sueños yo te tuve...
y es que hay gente que no consigues olvidar jamás
no importa el tiempo que eso dure...
(A. Sanz)
*mi agradecimiento a M por su comment, me inspiró con la idea del ángel. Tal vez somos bichos raros, pero el encontrarnos unos a otros nos hace más llevadera la vida entre tanta "normalidad", no lo crees?

